El nacimiento de una Milicia

domingo, febrero 19, 2006

Crónica de una tarde miliciana en la Alameda

Pasaban unos cuantos minutos de las cuatro de tarde, cuando alegres y vivaces, se dejaron sentir los enérgicos compases de la marcha que haría famoso a Carl Teike. De estilo medio prusiano y medio vienés, Alte Kameraden (Viejos Camaradas http://www.angelfire.com/cantina/marchas/altekameraden.mp3 dale guardar destino como o no funciona), combina la solemnidad y el vigor de la marcha prusiana con el estilo dulzón y elegante de la música vienesa, pieza famosa de indudable calidad, constituye una fiel remembranza de las guerras mundiales, de los jóvenes y valientes que dieron todo en ellas, del deseo altivo por entrar en combate, de la ilusión por portar el uniformes y las armas, por regresar a casa con el pecho lleno de medallas, de la alegría por marchar a la muerte segura. Es por eso que abre el concierto de la milicia, Alte Kameraden ha sido designada la marcha oficial de las milicias de Johann Strauss para el año 2006, es por eso que sus notas tornaron tan de pronto el sombrío y triste ambiente urbano de una ciudad inmersa en tiempos de paz e indiferencia, en la locura y efervescencia de unas calles apunto de ser asaltadas, es el ambiente caótico y heroico que antecede a las grandes batallas, la ciudad está bajo cerco y sus últimos defensores se preparan dichosos para encontrar la muerte a la vuelta de la esquina, las milicias de Johann Strauss cumplirán con su deber histórico hasta el último hombre.

La céntrica calle de Gante se halla completamente abarrotada, se ha juntado la muchedumbre de repente, de manera espontanea echan curiosos un ojo al extraño espectáculo. Listones rojiblancos adornan las fachadas y cornisas, de los locales comerciales y pequeños cafés, Johann Strauss, siempre bien amado y recibido mira a los asistentes desde las ventanas y paredes en las que carteles alusivos a la milicia han sido colocados. Frente al templo evangélico, sobre un entarimado lleno de flores y luces, la orquesta de la milicia de Johann Strauss, formada al vapor y sin ningún ensayo, interpreta elegantes bailes de salón. Die Fledermaus está al frente, nervioso y sin saber lo que hace, sortea fiero cada uno de los compases.

Es el aliciente que llevara esta noche a los milicianos al campo de batalla, ante todo la homosexualidad deberá de ser destruida, sus defensores asesinados sin consideración, deberá de ser estigmatizada, echada al lodo como algo horrible y atroz, es un crimen imperdonable que no tiene remedio, solo la sangre puede librar a la sociedad de la homosexualidad.
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Tan solo 5 horas antes, en una calurosa y agitada mañana en la Alameda, los miembros de la milicia preparan sobre la marcha su concierto

-No tenemos muchos músicos, vamos a contratar algunos
-Pero tienen dinero?
-No
-Pues entonces que hacemos?
-pues nada, que toquen los pocos que hay.

El primer problema salta a la vista, los miembros de la orquesta no completa ni media orquesta de salón, la mayoría no son muy diestros, y su director no se ha presentado, está molesto porque "alguien sin la menor instrucción musical va a jugar a ser Karajan con mi orquesta", sin dinero, ni tiempo para contratar músicos tocaran los que hay, baja la batuta inútil de Die Fledermaus, sin el menor conocimiento de armonía musical y completo desconocimiento de los instrumentos, los músicos y el repertorio.

Pero los problemas no acaban ahí. Molesto se presenta el delegado acompañado por oficiales de la policía y funcionarios de la delegación, "no se puede hacer una cosas así, ni repartir volantes discriminatorios y que invitan a la violencia y al delito", por fin cede, nos dejara usar un escenario montado para una obra que se va a llevar acabo por la noche, ha sido financiado por el templo evangélico y sus miembros nos piden que mientras tocamos obsequiemos biblias, "que más da, al fin que acompañando eso ira propaganda a nuestra milicia".
Los adornos se ponen de manera apresurada, metros y metros de tela roja y blanca adornan las fachadas, al igual que flores y carteles con la imagen de Schani Strauss. Los dependientes divertidos complacen en echarnos una mano, algunos tienen sonrisas burlonas, pero no importa a los milicianos.

Por fin todo está listo, el concierto comienza con casi una hora de retraso y transcurre sin más. En una taquería los miembros de la milicia convidan la cena, se ponen de acuerdo para salir, lo bueno está por venir, algunos homosexuales verán su suerte por la noche.

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