El nacimiento de una Milicia

jueves, febrero 23, 2006

Frisch ins Feld! Op. 398 Johann Strauss
Somos la guerra. Porque somos soldados.
He incendiado todas las ciudades.
Estrangulado a todas las mujeres.
Golpeado a todos los niños.
Arrancado al país todo el botín.
He matado millones de enemigos,
asolado todos los campos, destruido las catedrales,
devastado las almas de los hombres,
vertido sangre y lágrimas de todas las madre.
Lo hice.
Nada Hice. Pero era soldado.
Willy Peter Reese, joven cabo de la Wehrmacht, llamado a las filas cuando aún era un soñador, perdido entre poesía y amores, entre relatos fabulosos de héroes míticos y musas hermosas e inalcanzables. Muerto hecho ya soldado, ebrio, ladrón y asesino.
Ahí estábamos, los últimos de entre un millar de valientes, en tierra enemiga, dispuestos a hacer prodigioso el suelo extraño con nuestra propia sangre. Lo hemos dado todo por la Milicia, ahora ya sólo sobra dar lo más valioso, la vida misma.
El anhelo por el combate y la sangre había ya desaparecido, la rabia se había convertido en miedo, todos juntos compartiríamos la misma suerte como camaradas. Tiritábamos silenciosos por tan solo pensar en lo que sucedería. Habíamos prometido ante todo probar nuestra valía en combate, nuestro bautismo de sangre. Estaba yo sereno, la calma que antecede a la batalla, llevaba puesta una guerrera digital del ejército norteamericano con un gracioso dibujo de Johann Strauss al brazo izquierdo y mi viejo revolver Colt al cinto, cuan irreal parecía todo, armado como un pistolero del oeste, con uniforme de campaña de la guerra en Irak y Johann Strauss como divisa, dispuesto a golpear salvajemente travestís, ¿qué estaba haciendo ahí?, ¿cómo es que había llegado a todo esto?.
Seleccionamos el blanco, batiríamos contra un jovencito de facciones aniñadas y complexión delgadísima, la suerte estaba echada. Vestía él un precioso vestido color crema, con bordados en hilo metálico y pequeñas piedritas de bisutería, su perfume era muy suave, agradable,-apesta a maricón-(¿qué derecho teníamos para decir eso?), su curvas las de una mujer, su rostro no era duro, debía ser muy joven, debió de haber iniciado su transformación en la niñez, el resultado era muy bueno, cómo pueden poner los médicos su ciencia en detrimento de la juventud sin ningún descaro.
El cortejo fue breve, un saludo, unas cuantas palabras. Se le notaba sincero, calido. Sus modales eran impecables, los de una señorita. ¡Qué suerte deben tener aquellos para los que él puede ser visto como ella!. Hasta entonces nunca en mi vida había cruzado palabra con un transexual, no encontré la malicia y la perdición, el vicio y la molicie que tanto he predicado. Más bien encontré a una persona de buen trato, de apariencia atractiva y de platica amena, nunca hubo de su parte ninguna insinuación, fui yo quien le propuso salir, y fue tan fácil, no debe de haber muchos interesados en ella, y no es ni fea, ni mala persona, supongo que si no existiéramos personas como yo, su vida sería más fácil, cuántos no tratarían de hacerle cortejo sin miedo a las burlas groseras y las agresiones. Y sin personas como ella no existiría milicia, que contradicción, sin enemigos no tendríamos nada.
Salimos del brazo, unas cuantas calles hasta el hotel. Yo hablando de naderías y riendo como un idiota, ella nerviosa y aún coqueteando, ¡cuándo se ha visto que se desviva una dama por darme atenciones!.
El dependiente nos miró con asco, seguro pensó que era yo un maricón,-tienen que pagar una cuota extra por cada persona- ya nos esperaban otros camaradas -¿más personas?- no era lo que yo le había propuesto-unos amigos, pero no te preocupes lo nuestro es privado-
Pagamos y el encargado nos aventó unos profilácticos, cuando vas con una mujer su trato es frío, pero nunca grosero, ahora sin embargo.. Debe ser difícil que te traten así en todos lados por ser diferente. Caminanos al cuarto abrazados, yo le toqué un poco las piernas y los senos, con los camaradas ya no habría oportunidad de echar mano.
En el cuarto le dieron vueltas los ojos, se asusto al momento, debe ser raro ser sorprendido por un grupo de tipos vestidos de militar, con una caricatura de un músico vienés como insignia, y armados.
No dijo nada, se quedo callada, yo trate de calmarla- Nada malo te va a pasar, solo queremos pasar el rato- No me creyó, al instante le rodaron las lagrimas. Y a mí un pequeño escalofrío. No sé como estuvo la cosa, me metí al baño a ponerme mi guerrera y mi pistolera, saqué el revolver Colt de mi mochila, sin balas, no quería que la situación se me fuera de las manos. También me puse bajo la guerrera una playera con la fotografía de Schani Strauss, fueron un regalo de un camarada para lo ocasión, no todos llevaban camisola americana, pero si llevaban todos la playera, fue lo que nos dio un poco de uniformidad.
Salí, nadie lo notó, todos estaban muy entretenidos, así que jalé una silla y me senté en una orilla sólo observando, no le golpeaban, tampoco estaban gritandose, platicaban entre ellos cosas de milicianos, mientras le echaban mano a las tetas, el cabello, de vez en cuando le daban una cachetada o le pasaban una pistola por la cara, además de mí, dos camaradas más iban armados, ambos con pistolas 9mm, acordamos que nadie llevaría municiones, así que era más bien cuento.
Por un momento le mire a los ojos y no miré nada, nada diferente a mí. Sentí compasión, en aquel momento ya no era más un homosexual vicioso, sólo una persona, cuan equivocado estaba.
No había en mí más ese impulso de saltar sin más al combate, el deseo por marchar entre campos floreados con el uniforme bien puesto y las medallas bien lustra desapareció. Se había perdido el valor, la guerra debe ser horrible, Erich Remarque tenía razón, seguro que ninguno de los dos desebamos hacernos daños, pero ahí estábamos los dos, el homosexual y el miliciano. Él me atormentaba con la mirada, no podía soportarlo más.
No era el momento de vacilar, en esta guerra no debe de haber compasión, el enemigo nos odia y nosotros le odiamos a él, así debe ser. Nuestro fanatismo y nuestra fe ciega en los principios de nuestra milicia serán la mayor de nuestras armas. Di un grito, saqué el revolver de la pistolera y le apunta a la cara, entonces comencé a tratar de dar un discurso sobre la importancia de ser miliciano y de Johann Strauss, los camaradas, que llevaban ya un rato bebiendo, anatematizaron mi discurso y me llamaron "sargento", ellos rieron, yo me enfade, nos gritamos, y de pronto se derrumbo toda la disciplina. Ya borrachos, comenzaron a fraternizar con el enemigo, no sé como pasó, pero de los insultos y amenazas, ya estaban bebiendo con el travesti. Me molesté, así que les mandé al diablo y salí corriendo de la habitación, iba a medio pasillo cuando me dí cuenta que era un suicidio volverme solo para mi casa con un revolver y vestido de soldado, así que me quede por ahí, como a las 3 horas salen todos riendo muy abrazados, no sé que hayan hecho, y ya no quise preguntar. Cuando menos sé que no mataron al travestí, ya que lo vi salir tras de ellos muy contentos, se despidieron de beso y todo. Y nada, nos volvimos, yo muy molesto y ellos muy borrachos. Ahora que lo pienso no le veo nada de malo, yo cumplí con mi deber de miliciano, ellos no sé, y nada, como ya hice mi bautismo de fuego, ya puedo mandar a hacer mi anillo oficial de miliciano, aunque la verdad prefería esperar un poco más, va a ser un poco bochornoso contar como me lo gané, tal vez después de la próxima cacería.
De regreso pasamos por Tlalpan, no había muchas patrullas, últimamente todos los policías están coludidos con los homosexuales, incluso si en vez de agredirlos vas a buscar servicios, te extorsionan con el pretexto de llevarte a la Delegación por jotito y sacarte en el periódico y toda la cosa, bueno, eso dicen, no sé yo, a mí me parece bien, pero el problema es que además protegen a los maricas, ¡y eso no puede ser!. Entonces nos quedamos en que no había patrullas, así que yo llevaba mi rifle gamo de diabolos, dimos una vuelta, luego otra, nos aseguramos de que no hubíera moros en la costa y bang, bang, jugué un rato al franco tirador, para entonces ya había olvidado todo aquello de la compasión y eso, andaba bien emocionado, teníamos Liebes-lieder a todo volumen, la sangre me corría por la frente, ¡Liebes-lieder es tan bello!, disminuimos la velocidad, apuntó con la mira telescopica al parabrisas de un auto que andaba peguntando por los "vestidos" y bang, un hoyo seguro, sé que fui yo porque los otros tenían armas de pintura, y esas no rompren vidrios, uy, eso fue lo mejor de la caza, nada que ver con el cuento del travestí de la noche del sábado, para aquellas horas ya era la madrugada del domingo, así que nos despedimos, que el domingo por la mañanas los hombres rectos deben ir a misa, por eso ahora pensamos irnos mejor el viernes, así se disfruta más. Y eso es todo, qué padre, no?
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Posdata:
No olviden que hoy jueves canal 22 transmite el sexto episodio la mini serie la Dinastía Strauss, creo que tendremos una lamentable pérdida. 10 de la noche, no se lo pierdan.

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