El nacimiento de una Milicia

miércoles, febrero 15, 2006

Y yo los declaro, marido y....¡ marido!, Cristo Rey que aberración
Cantiamo, facciam brindisi
a sposi così amabili.
Per lor sian lunghi e stabili
i giorni del piacer.
El Preludio al tercer acto de Lohengrim, un arrebato musical brillante que expresa el jubilo de los amantes, la fuerza de él, la castidad de ella. El héroe Lohengrim está a punto de desposar a la hermosa y virginal Elsa. Es el mismo gozo que ha llevado durante miles de años y en todos los lugares en los que hombres ha habido, a los hombres y las mujeres a juntar sus vidas, ambos son pilar y fuerza, alegría y sinsabor, locura juvenil, y madurez adulta. Ese es el significado del matrimonio, tan perdido en esta época.
Qué son los matrimonios homosexuales sino una verdadera provocación, una afrenta a la familia, a la vida como la conocemos todos, como la conocieron los homosexuales, porque a ellos no los pario un par de hombres sodomitas. Son el máximo deseo de los homosexuales por imponerse ante un mundo en el que no tienen cabida, un mundo en el que no son sino una aberración, una mancha que todos prefieren pasar por alto, porque esa es la verdad de la tolerancia gay, todos prefieren ignoran, aborrecen y calla, hacen burlas y esconden la mano, el éxito del movimiento gay está construido sobre la cobardia de los más, que hoy viven aterrorizados, temen, temen a la inquisión rosa y a sus tiranos gay. Y mientras lo hacen, los homosexuales ganan para si más privilegios disfrazados de derechos, ¿debe el estado hacer legal al vicio y la inmoralidad, la burla y la provocación?. Pueden dos personas que se echan como los animales, sin mirarse a los ojos y por la espalda, que están entregados a las practicas antinaturales y la perdición, ostentar un status juridico otrora reservado para velar por la integridad de las familias, los hijos, las parejas. Las bodas gays son un detento del derecho natural de las parejas para formar una familia.
Hoy son bodas, adopción de hijos, derechos de conyugue, mañana querrán usurpar cargos públicos, tergiversar religiones, crear leyes que les permitan realizar sus desmanes y sus violaciones, la prostitución por drogas y los asesinatos por mero placer sexual. Los homosexuales juagan a la casita y nosotros debemos tolerar y aplaudir todos sus bizarros espectaculos. No, no más, no podemos tolerar que esto continue. Si ellos piden bodas, nosotros pediremos funerales. Si nos atacan, nosotros los atacaremos, si fallamos la sociedad está destinada a la perdición, pero no lo haremos, porque nuestra causa es justa, y en este mundo el bien siempre triunfa.

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