El nacimiento de una Milicia

domingo, marzo 26, 2006

Un café con Die Fledermaus I
(a.k.a. Fledermaus-Quadrille op. 363 J. Strauss )


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I Banquete a la Muerte
-Y entonces...
-Y entonces ¿qué?, me pone de malas esta tontería de venir a tomar un café, ¿qué somos?, ¿maricones?.
-Bueno, dicho así suena muy feo.
-Ya, pero porqué hemos venido precisamente aquí, si ninguno de los dos le hace a eso del café. Personalmente me desespera toda esta tontería, si querías algo bien pudiste haberlo dicho sin necesidad de venir a hacer al ridículo.
-Yo tenía ganas de platicar contigo así como que más en privado.
-¿De qué?.
-No sé, de lo que sea. No fuiste al concierto de la Filarmónica de Viena la semana pasada, por qué no me cuentas cómo estuvo.
-Estuvo bien.
-Así, nada más.
-Sí, soy de pocas palabras, ya lo sabes.
-Y eso hace que sea aun más difícil para mí todo esto, y eso de la milicia es enserio?
-¡Qué va!, si el concierto estuvo muy padre. ¿Te acuerdas cuando fuimos a ver a la Ofunam tocar muerte y transfiguración?. Para mí fue lo mejor del concierto, un hombre enfermo espera la muerte en un sórdido cuartucho, el reloj avanza a un ritmo desesperante, haciendose notar sobre la serenidad caótica del lugar, todo es tan miserable. La muerte se ha presentado ya a reclamar lo que por derecho propio le pertenece, la vida misma. El hombre gana la primera escaramuza, exhausto se pierde entre lo que será su último sueño. Y de pronto nos transportamos a su niñez, son los recuerdos que llegan a última hora, una remembranza de lo que fue su vida. Las notas dulces como aquellas golosinas de sus primeros días, los primeros pasos dados con algarabía, es la juventud, y todo se torna más atrevido, la música más vivaz. El hombre adulto se enfrenta a un obstáculo tras otro, son las memorias que marcan su vida. Y de nuevo volvemos a la escena miserable, la muerte se acerca por última vez, imbatible, fiera, contra ella no se puede hacer nada, su victoria por fin se hace notar, llega el clímax, ¿y después de él?. La transfiguración, la redención más alla de la muerte.
-Sí, lo leí en el programa, Richard Strauss compuso Muerte y transfiguración hacía 1889, tan sólo 25 años tenía. Sesenta años más tarde, tan sólo un año antes de su muerte, Richard Strauss termina sus cuatro últimas canciones, en la última de ellas, titulada Ocaso, la soprano termina lanzado una pregunta al aire, ¿Es acaso la muerte?, y de inmediato suena el tema de la Transfiguración. El compositor se despide recordando los vivaces éxitos de su juventud.
-Es tan triste, como la muerte de Isolda.
-Sí, eso también venía en el programa, Richard Strauss quedó muy impresionado con Tristán e Isolda. Y cómo te pareció Muti?.
-Pues bien, se le ve enérgico, pero eso es usual en él, o eso dicen, no sé, yo no le conozco.
-Yo a tí te conozco tan bien...
-¿Cómo dices?.
-Tú sabes, sé mucho sobre tí.
-Ese de el problema, tú qué sabes de mí, conoces solo mis lados más extremos, mi gusto por el travestismo, su negación irracional y violenta, mi deseo por gozar de atención desde el anonimato.
-Por eso, conozco bien a Die Fledermaus, y es él quien me interesa, no quién sea que este detrás de él.
-Preguntastes si la Milicia es enserio, pues bien, la respuesta la conoces ya.
-¿Y es?

II Frühlingsstimmen Schani Strauss Opus 410

Die Fledermaus nervioso pone un sobre tras otro de azúcar a su tasa de café, no lo bebe, se limita nada más a revolverlo con la cucharilla mientras trata de perder la mirada entre los remolinos que en él se forman.

-No te encanta la primavera
-Me da igual
-¿Quién era quien siempre escuchaba Las Cuatro Estaciones hoy?
-No lo sé, será alguien que tú conoces. Yo escucharía Frühlingsstimmen.
-¿Cómo?
-Voces de Primavera, ya sabes, el Vals de Strauss, por cierto, este 1 de Marzo fue su aniversario, lo estrenaron en el Teatro de Viena en 1883, pero fue la versión con soprano.
-Yo la recuerdo de el concierto de año nuevo de Karajan, no?
-Sí, esa vez la tocaron con soprano, en el de este año fue solo instrumental.
-Evades mi pregunta sobre la Milicia, te da pena o algo así.
-A mí ya pocas cosas me causan vergüenza, después de ser sorprendido un par de veces en tacones y minifalda, esas cosas ya no me quitan el sueño.
-Y fue gracioso cuando te cacharon en faldas?
-Algunas veces. Y no me cuentas nada sobre tí
-Sobre nada, poco hay que contar.
-Bueno, y sobre alguna otra cosa, no sé, la política
-Pues ya sabes...No había para este día una campaña de desprecio a la homosexualidad.
-Al final no se pudo, las personas son tan apáticas.
-No se animaron en la Milicia.
-No, no se animaron, parece que si no se trata de dispararle bolitas de pintura a un maricón nada más no les pasa.
- Y van a hacer algo hoy?
-No, ayer fuimos con los travestís.
-¿Y qué tal?.
-Lo mismo de siempre... Quiero ir a una de esas casas de alterne, ¿ me acompañas?.

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